1. Marco general y volumen económico movilizado (2020–2025)
Entre 2020 y 2025, las convocatorias de subvenciones del Ayuntamiento de Sevilla en materia de cooperación internacional al desarrollo han movilizado un volumen económico acumulado superior a 5 millones de euros, canalizados a través de distintas modalidades de financiación. Este esfuerzo presupuestario, si bien relevante en términos absolutos, se caracteriza por una alta irregularidad interanual y por una fuerte dependencia de decisiones presupuestarias de corto plazo.
Durante el trienio 2020–2022, el presupuesto anual destinado a convocatorias se situó en una horquilla relativamente estable, en torno a 1,4–1,6 millones de euros por ejercicio, permitiendo la coexistencia de todas las modalidades: cooperación sin inversión (A1), cooperación con inversión (A2), acción humanitaria (B) y educación para el desarrollo y sensibilización (C). Este escenario posibilitó el desarrollo de una política de cooperación municipal diversificada, tanto en términos sectoriales como territoriales.[AD2]
El ejercicio 2023 marca un punto de inflexión en la serie analizada. El presupuesto total se reduce un 26%, y, de forma especialmente significativa, se eliminan completamente las modalidades A2 y B. Esta contracción no solo tiene un impacto cuantitativo, sino que introduce un cambio cualitativo en el modelo de cooperación financiado, concentrando los recursos en intervenciones de menor complejidad técnica y menor requerimiento de inversión.
La recuperación parcial registrada en 2024 y 2025, con presupuestos que vuelven a situarse claramente por encima del millón y medio de euros anuales y con la reactivación de algunas modalidades previamente suprimidas, introduce un cierto alivio tras varios ejercicios de contracción. No obstante, el análisis agregado del período pone de manifiesto un modelo de convocatorias marcado por una elevada volatilidad, fuertemente condicionado por los ciclos y prioridades políticas, y con un peso claramente secundario dentro del conjunto de las políticas sociales municipales. Esta inestabilidad presupuestaria ha tenido efectos directos sobre la capacidad de planificación, previsibilidad y sostenibilidad de los proyectos impulsados por las ONGD, limitando su consolidación a medio y largo plazo y debilitando el carácter estratégico de la cooperación al desarrollo como política pública local.
2. Distribución presupuestaria por modalidades: lectura agregada del periodo
El reparto presupuestario por modalidades del período 2020 y 2025 muestra una clara concentración en la modalidad A1, que absorbe aproximadamente la mitad del presupuesto total movilizado. La cooperación sin inversión se mantiene activa en todos los ejercicios, incluso en los de mayor restricción presupuestaria, actuando como eje vertebrador del sistema de convocatorias.
La modalidad A2 presenta un comportamiento marcadamente discontinuo. En los ejercicios 2020–2022 moviliza importes relevantes —con dotaciones anuales que oscilaron entre los 300.000 y 450.000 euros—, desaparece completamente en 2023 y se reactiva en 2024 y 2025. En este último ejercicio, la cooperación con inversión alcanza una dotación cercana a los 900.000 euros, lo que supone uno de los mayores volúmenes asignados a esta modalidad en toda la serie analizada, aunque sin garantías de continuidad futura.
La acción humanitaria (modalidad B) mantiene un peso presupuestario reducido en el conjunto del periodo. En los ejercicios en los que se activa, su dotación se sitúa generalmente por debajo de los 150.000 euros anuales, con ausencia total en 2023 y una reaparición limitada en 2025. Esta intermitencia limita la capacidad de la cooperación municipal para responder de forma sostenida a contextos de emergencia.
Las modalidades C (acciones de sensibilización y educación para el desarrollo y ciudadanía global, sensibilización) movilizan importes más modestos, pero con una presencia relativamente constante. En términos acumulados, estas líneas canalizan varios cientos de miles de euros y adquieren un mayor peso relativo en los ejercicios de menor presupuesto global, funcionando como instrumento de continuidad política frente a la contracción de otras modalidades.
3. Modalidad A1: cooperación sin inversión como pilar estructural
La modalidad A1 se consolida a lo largo del periodo 2020–2025 como el eje vertebrador del sistema de convocatorias municipales de cooperación al desarrollo. En los ejercicios de mayor dotación presupuestaria, esta modalidad ha concentrado importes anuales situados, de forma recurrente, entre los 600.000 y 700.000 euros, aglutinando tanto el mayor número de proyectos financiados como una parte sustancial del presupuesto total asignado por vía de subvenciones.
Esta centralidad no responde únicamente a criterios cuantitativos, sino a una lógica técnica y estratégica claramente definida. La naturaleza de la A1, orientada a la cooperación sin inversión material, reduce la complejidad administrativa asociada a la ejecución de infraestructuras, incrementa la flexibilidad operativa de los proyectos y facilita su adaptación a contextos presupuestarios restrictivos o inestables. Estos factores explican su continuidad incluso en ejercicios de fuerte contracción del gasto público en cooperación.
Desde el punto de vista del enfoque de intervención, la modalidad A1 se orienta de manera prioritaria al fortalecimiento comunitario, institucional y social, abordando causas estructurales de la pobreza que no pueden resolverse exclusivamente mediante inversión física. Los proyectos financiados bajo esta línea han priorizado ámbitos como el desarrollo económico local inclusivo, la salud comunitaria, los servicios sociales y la promoción y defensa de los derechos humanos, con una atención específica al empoderamiento de colectivos en situación de vulnerabilidad, especialmente mujeres y comunidades indígenas.
El valor añadido de esta modalidad reside en su apuesta por la sostenibilidad basada en las personas y las organizaciones locales. A través del acompañamiento social, la transferencia de conocimientos, el refuerzo de capacidades técnicas y el fortalecimiento de redes comunitarias, la A1 promueve procesos de desarrollo cuyo impacto se mantiene más allá del ciclo presupuestario del proyecto. Asimismo, contribuye a mejorar la resiliencia comunitaria frente a desafíos estructurales como el cambio climático, la violencia o la exclusión social, reforzando la capacidad de autoorganización y respuesta de las comunidades destinatarias.
No obstante, esta posición central de la modalidad A1 también revela límites estructurales del modelo de cooperación municipal. La concentración del esfuerzo financiero en intervenciones sin inversión tiende a desplazar o debilitar la financiación de proyectos de mayor escala que requieren inversión sostenida y continuidad temporal, restringiendo la capacidad de la política pública de cooperación para impulsar transformaciones estructurales de largo alcance. En este sentido, la A1 puede entenderse simultáneamente como pilar de estabilidad del sistema y como indicador de un modelo de cooperación condicionado por la volatilidad presupuestaria y la dificultad para sostener intervenciones integrales y de mayor ambición transformadora.
4. Modalidad A2: cooperación con inversión y fragilidad del modelo
La trayectoria de la modalidad A2 constituye uno de los indicadores más elocuentes de la fragilidad estructural del sistema de convocatorias municipales de cooperación al desarrollo. En los primeros ejercicios del periodo analizado, esta modalidad hizo posible la financiación de proyectos con un alto componente de inversión física, especialmente en ámbitos como la educación, el agua y saneamiento o la vivienda, sectores que requieren planificación técnica, ejecución prolongada y compromisos presupuestarios estables.
La supresión total de la modalidad A2 en 2023 supuso una ruptura abrupta del modelo, con impactos inmediatos sobre aquellos sectores y territorios cuya viabilidad depende de inversiones materiales y de una programación a medio plazo. Esta interrupción no solo redujo la diversidad de ámbitos financiados, sino que introdujo un elevado grado de incertidumbre en las entidades ejecutoras, dificultando la continuidad de procesos ya iniciados y la formulación de nuevas propuestas de carácter estructural.
La reactivación de la modalidad en 2024 y, de forma más significativa, en 2025, con una dotación que se aproxima a los 900.000 euros, debe interpretarse en un contexto institucional específico. La convocatoria se activa en pleno proceso de cambio de administración en el Ayuntamiento de Sevilla, lo que refuerza su carácter coyuntural y explica, en parte, la ausencia de un marco plurianual que garantice la continuidad de esta línea en ejercicios posteriores. En este sentido, la recuperación presupuestaria, aunque relevante en términos cuantitativos, no corrige la percepción de inestabilidad estructural que ha acompañado a la modalidad A2 a lo largo del periodo analizado.
Esta discontinuidad penaliza de manera especial a las ONGD con mayor capacidad técnica y experiencia en la ejecución de proyectos complejos, que requieren previsibilidad financiera, seguridad jurídica y horizontes temporales claros para movilizar recursos, socios locales y cofinanciación. El resultado es una reducción del alcance transformador de la cooperación municipal y una progresiva orientación del sistema hacia intervenciones menos intensivas en inversión, con menor potencial para generar cambios estructurales sostenidos en los territorios de intervención.
5. Modalidad B: acción humanitaria y capacidad de respuesta limitada
La modalidad B, orientada a la acción humanitaria y de emergencia, funciona como el mecanismo específico de respuesta rápida del Ayuntamiento de Sevilla ante crisis humanitarias derivadas de conflictos armados o catástrofes naturales. El análisis de su evolución presupuestaria entre 2020 y 2026 confirma una fragilidad estructural extrema, al configurarse como una línea subordinada a otras prioridades y sin mecanismos de protección presupuestaria, susceptible de desaparecer en escenarios de ajuste.
Si bien en años puntuales —2020, 2021 y 2024— la modalidad superó dicho umbral, con asignaciones vinculadas a contextos excepcionales como la crisis sanitaria global o emergencias humanitarias concretas, el comportamiento presupuestario revela que, ante cualquier reordenación de prioridades, la modalidad B actúa sistemáticamente como partida de ajuste. Así, en 2022 su presupuesto se redujo a 160.000 € mediante un trasvase hacia la educación para el desarrollo; en 2023 fue eliminada por completo; en 2025 volvió a situarse claramente por debajo del umbral, con 118.774 €, tras la reasignación de 241.226 € hacia la modalidad A2; y para 2026 se proyecta nuevamente una dotación nula, al desaparecer las subvenciones de libre concurrencia en las que se integra.
Esta trayectoria responde a una combinación de factores estructurales: la preferencia institucional por intervenciones de carácter estructural o tangible frente a respuestas reactivas; el uso recurrente de la acción humanitaria como fuente de financiación secundaria para reforzar otras modalidades; la revalorización de la inversión material como eje visible de la cooperación municipal; y la ausencia de un blindaje estratégico que garantice un mínimo estable de recursos para emergencias. En conjunto, este patrón confirma que la protección de la vida en contextos de crisis aguda no constituye una prioridad consolidada en el modelo presupuestario de la cooperación sevillana, quedando relegada a un papel residual y altamente prescindible dentro de la arquitectura de la política pública local.
6. Modalidad C: educación para el desarrollo, sensibilización y ciudadanía global
La modalidad C ha adquirido un peso relativo creciente en los ejercicios de menor dotación presupuestaria, consolidándose como líneas de continuidad operativa de la cooperación municipal en contextos de ajuste. Aunque su volumen financiero es limitado en términos comparativos, su estabilidad ha permitido sostener una actividad constante en educación para el desarrollo, sensibilización social y trabajo con población migrante y refugiada, actuando como un amortiguador del sistema y como elemento de legitimación política de la cooperación local cuando otras líneas se reducían o desaparecían.
Desde una perspectiva temporal, la evolución presupuestaria de estas modalidades muestra una trayectoria marcada por un crecimiento inicial, seguido de un estancamiento prolongado y una desaparición proyectada, lo que refuerza su carácter instrumental dentro del modelo municipal. Entre 2020 y 2022, la dotación conjunta de las modalidades C experimentó una fase de expansión, culminando en 2022 con el máximo histórico de la modalidad C1, en un contexto de refuerzo institucional de las políticas de ciudadanía global y sensibilización social. Este crecimiento no tuvo continuidad en ejercicios posteriores.
El año 2023 introduce un efecto distorsionador en la lectura del peso relativo de estas modalidades. Aunque la educación y sensibilización alcanzaron ese ejercicio su mayor protagonismo dentro del conjunto de la convocatoria, dicho incremento no respondió a un aumento real de recursos, sino a la desaparición simultánea de las modalidades de inversión y acción humanitaria, situando a las líneas C como único eje operativo de la cooperación municipal. En términos absolutos, el presupuesto se redujo, evidenciando un protagonismo por contracción del sistema y no por una apuesta estratégica reforzada.
En los ejercicios 2024 y 2025, las modalidades C entran en una fase de estancamiento presupuestario, con una dotación congelada que no acompaña ni la inflación ni la ampliación de los objetivos asignados a estas líneas. En este mismo periodo se certifica la desaparición de la modalidad C2 como línea diferenciada, integrando sus funciones en otros marcos municipales y diluyendo su visibilidad específica dentro del sistema de cooperación analizado.
Desde el punto de vista funcional, las modalidades C se orientan a la transformación social en el ámbito local, actuando como puente entre las realidades del Sur Global y la ciudadanía de Sevilla. Mientras las modalidades A y B concentran la intervención directa en contextos internacionales, las líneas C se centran en la educación, la sensibilización y la construcción de una ciudadanía global crítica, desempeñando un papel clave en la legitimación social de la política pública de cooperación y en el combate de discursos de odio y exclusión.
Finalmente, el escenario presupuestario previsto para 2026 supone la eliminación total de las modalidades C, al desaparecer la subvención de libre concurrencia en la que se integran. Este cierre implica el desmantelamiento de los proyectos de educación para el desarrollo en los barrios de Sevilla, poniendo fin a la función pedagógica y de anclaje social que estas modalidades han desempeñado históricamente. En términos estructurales, esta evolución confirma una tendencia a reforzar la dimensión local y simbólica de la cooperación en los periodos de ajuste, pero sin garantizar su sostenibilidad, configurando una política pública cada vez más desequilibrada entre legitimación social y capacidad transformadora a largo plazo.
7. El bienio 2024–2025 y proyección hacia 2026
El bienio 2024–2025 presenta un perfil claramente diferenciado dentro de la serie analizada, al combinar una recuperación presupuestaria significativa con una reconfiguración profunda de las prioridades de la cooperación municipal. Tras el mínimo histórico alcanzado en 2023, el ejercicio 2024 marca un punto de inflexión, mientras que 2025 consolida un cambio de orientación que debe interpretarse con cautela.
En 2024, la convocatoria de ONGD registra un incremento presupuestario del 54,26 %, alcanzando un total de 1.627.426,77 €, y recupera su carácter multidimensional mediante la reintroducción de las modalidades A2 (cooperación con inversión) y B (acción humanitaria), ambas ausentes el año anterior. Esta recuperación permite al Ayuntamiento volver a financiar infraestructuras en el exterior y a responder, aunque de forma limitada, a crisis humanitarias internacionales. No obstante, la modalidad A1 mantiene su posición hegemónica, concentrando el 52,23 % de los recursos, lo que confirma la continuidad de un modelo centrado en el fortalecimiento comunitario y los procesos sociales. En paralelo, se certifica la desaparición de la modalidad C2 como línea específica, integrando sus funciones en otros marcos municipales y reduciendo su visibilidad dentro del sistema de cooperación.
El ejercicio 2025 prolonga el crecimiento presupuestario, con un aumento adicional del 13,07 % hasta alcanzar los 1.837.723,07 €, pero introduce un cambio sustantivo en la estructura de prioridades. Por primera vez en la serie histórica, la modalidad A2 supera a la A1, tras un crecimiento del 176,37 %, situándose como el principal destino de los fondos y concentrando casi la mitad del presupuesto total. Este giro hacia la cooperación con inversión material se produce a costa de otras líneas: la acción humanitaria (B) experimenta un recorte significativo respecto a 2024, resultado de un trasvase directo de recursos hacia la inversión física, y la educación para el desarrollo (C1) permanece estancada en términos absolutos, perdiendo peso relativo dentro del conjunto de la convocatoria.
Desde el punto de vista territorial y sectorial, el bienio consolida una focalización geográfica clara. América Latina se configura como la región prioritaria, absorbiendo más de la mitad del presupuesto, con un liderazgo destacado de Perú, seguido de Bolivia, El Salvador y Guatemala. África continental concentra algo más de una cuarta parte de los recursos, con especial atención al Magreb —principalmente población saharaui— y a África Occidental. En cuanto a los ámbitos de intervención, predominan el desarrollo económico, el agua y saneamiento y la salud, coherentes con el refuerzo de la cooperación con inversión observado en 2025.
Pese a la mejora cuantitativa del bienio, este repunte debe interpretarse con prudencia. La ausencia de una planificación plurianual, junto con las referencias iniciales al ejercicio 2026, que apuntan a una reducción drástica de la dotación, refuerzan la lectura de 2024–2025 como una excepción coyuntural, más que como un cambio de tendencia estructural. En conjunto, el análisis de las convocatorias 2020–2025 confirma un modelo de cooperación municipal altamente dependiente del ciclo presupuestario anual, con predominio de la cooperación sin inversión, debilidad persistente de la acción humanitaria y una implantación inestable de la cooperación con inversión. Este patrón limita la capacidad transformadora de la política pública de cooperación y subraya la necesidad de una reformulación estratégica que refuerce la previsibilidad, la coherencia y la sostenibilidad de las intervenciones a medio y largo plazo.